28 febrero 2016

Novela:¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?

Como prometí un par de entradas antes, con motivo de la lectura conjunta que he hecho de la novela ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?, de Philip K. Dick, aquí traigo las impresiones y conclusiones a las que he llegado con su relectura, que no son pocas. Porque para no ser una novela demasiado larga, ya que tiene unas 270 páginas, lo cierto es que toca muchos palos.

Quiero agradecer primero el haberme animado a leerla, dándole una segunda oportunidad, a Crónicas de Magrat, ya que la primera vez me dejó un regusto un poco malo, causado por la adoración que siento por la adaptación cinematográfica, Blade runner. Si alguien espera encontrarse la película en el libro, advierto que difiere bastante, sobre todo en los personajes. Sin más dilación, entramos en toda la chicha, e intentaré que no se me escape algún espoiler.

Título: ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?
Autor: Philip K. Dick
Publicada en 1968.
Género: ciencia ficción

Tras la guerra nuclear que ha estado a punto de arrasar toda vida animal en el planeta, la Tierra queda envuelta en una nube de polvo radiactivo. Gran parte de los supervivientes deciden migrar a otros planetas, sobre todo a la colonia de Marte, llevando consigo androides que les faciliten la vida. Rick Deckard es un cazarrecompensas que trabaja para el departamento de policía, y su objetivo es cazar a los androides que retornan a la Tierra de forma ilegal. En un entorno de ciudades abandonadas y decrépitas, dónde la poca población se encuentra desperdigada, seremos testigos de la caza de un grupo de androides Nexus-6 (los más avanzados, casi humanos) que han escapado de Marte. A lo largo de la trama veremos las dudas morales que se le plantean a Deckard al encontrarse con unas entidades que luchan por sus vidas, como haría cualquier ser humano de verdad.

Después de haber leído cuatro novelas de Philip K. Dick, y haber indagado un poco en su vida, soy capaz de ver que la paranoia que salpica sus obras no son mera casualidad o un estilo creado a propósito. En sus obras refleja muchos de sus temores y obsesiones, perfectamente mezclados con la ciencia ficción, dando lugar a auténticas bombas. Sus libros necesitan de una segunda lectura para entender mejor lo que subyace en el fondo.

Hay ideas que de primeras son bastante locas, y te dejan un poco con el culo torcido, pero al final te metes en la trama sin ningún problema. En este mundo que nos plantea el autor, las personas hacen uso de una máquina llamada el climatizador de ánimo, que pueden programar para estimularse y estar más contentos, o incluso provocarse sesiones depresivas. Para mí es como la versión futurista del uso de drogas. Por lo que he leído, Dick solía hacer un uso abusivo de estimulantes como las anfetaminas, llegando a escribir durante días sin dormir. Pero ese uso desmedido llegaba a producirle episodios de depresión, o síntomas psicóticos, que debía controlar con sedantes y tranquilizantes.

En este futuro post-apocalíptico, lleno de polvo radiactivo, los animales han sido casi extinguidos. La primera señal de esa contaminación fue la muerte de las aves, plasmada como una lluvia de plumas, como una peste que llovía del cielo. Por tanto, para la gente, uno de los bienes más preciados es tener un animal de verdad (existen animales eléctricos, como la oveja que tiene Deckard). Cuánto mayor y más caro sea, más estatus social. Me hace gracia que hoy en día el estatus lo marca más tener un coche de la leche, o una casa en la mejor zona de la ciudad, y en la novela si tienes un caballo o una cabra eres la envidia del barrio.

Por ello, aunque Deckard tiene dudas acerca de su trabajo, necesita las recompensas para poder adquirir un animal de verdad, que es lo que más desea.

Otra de las consecuencias de esta contaminación radiactiva son las secuelas que sufren algunas personas, ya sean daños físicos o retraso mental, dando lugar a ciudadanos de segunda, ya que se les veda la posibilidad de migrar fuera del planeta. A estos ciudadanos se les califica de especiales, y ves la crítica que hace el autor por las trabas que les pone la sociedad a estas personas a causa de ese menosprecio.

El tema de los recuerdos falsos o la memoria artificial que implantan en los androides también es interesante. Para poder distinguir un humano de un androide se hace uso del test de empatía Voigt-Kampff. Sin embargo, a uno de estos androides se le han implantado recuerdos de una infancia, no siendo consciente de su verdadera naturaleza artificial, con lo que el test a punto está de ser obsoleto. Es interesante que lo único que nos diferencia de unos organismos artificiales sea la empatía, el saber ponernos en el lugar de otra persona y entenderla, y que dotando a esos organismos de recuerdos y un pasado (como ocurría en Blade runner con esa obsesión por las fotografías), sean más difíciles de diferenciar. Al fin y al cabo, la clase de personas que somos es fruto de nuestras experiencias y vivencias, todos tenemos un pasado que ha ido conformando la personalidad que tenemos, cosa que no tienen los androides, puesto que además están programados para morir al cabo de unos pocos años.

Y hablando de empatía, llegamos a la caja empática, la parte más espinosa para mí. Al final he llegado a una conclusión, que seguramente esté equivocada, porque entramos en temática cuasi-religiosa, jaja... Esta caja empática es un aparato que utiliza la gente para vivir una experiencia conjunta con otras personas, casi como una comunión de almas. Reviven la caída y la lucha de un personaje llamado Wilbur Mercer, dando lugar a un culto que llaman mercerismo. ¿Se trata de una experiencia realmente mística, o de una forma de control de masas? Seguramente cada lector saque una conclusión, tan válida una como otra.

A lo largo de la historia también juega un poco con el lector, haciéndote dudar de la naturaleza de los personajes. Te hace sospechar que un humano sea un androide. También mezcla la realidad con lo onírico. Philip K. Dick no te permite un momento de despiste, porque enseguida te da la vuelta a la tortilla y te descoloca.

A diferencia de la película, aquí el protagonista está casado, y vemos
los altibajos que tiene con su esposa.

Hay tantas cosas que se pueden comentar de esta novela, que lo mejor es que os animéis a darle una oportunidad. Sin duda alguna, es un libro que ahora sí he disfrutado como es debido. A quién le guste la ciencia ficción, se lo recomiendo sin dudarlo. Eso sí, no es una novela que te lo dé todo masticado. Tienes que sacar tus conclusiones de entre toda esa maraña de situaciones en las que se ve involucrado el protagonista.

Para terminar, a quién pueda interesar la vida de Philip K. Dick, existe una biografía titulada Yo estoy vivo y vosotros estáis muertos, escrita por Emmanuel Carrere. Conociendo las tremendas experiencias que tuvo en su infancia y a lo largo de su vida, entiendes mejor sus escritos.

Espero no haber hecho una entrada demasiado bola, pero abordar este libro me ha resultado un poco complicado porque no sabía por dónde empezar, jajaja...

Hasta la próxima misión.

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