10 septiembre 2017

The safe and easy way to adventure, de Dorothy M. Johnson

En esta cuarta entrada que dedico a Dorothy M. Johnson (1905-1984), dentro de la iniciativa Adopta una autora, he decidido traer un artículo que escribió para la revista Montana The Magazine of Western History. Me parece muy interesante porque la autora nos relata cómo terminó escribiendo género western, y los problemas que tuvo que afrontar por el hecho de ser mujer en "un mundo de hombres".

Estuve meditando si traducir el artículo, pero para hacer una traducción mediocre, mejor no hacerla. Mi nivel de inglés da para entender lo que leo pero sin florituras, así que os comento a grandes rasgos el contenido.


El artículo se titula The safe and easy way to adventure, y se publicó en el verano de 1974 de la revista Montana The Magazine of Western History. Con cierto sentido del humor, Johnson va narrando diferentes anécdotas o situaciones que vivió, que lejos de hacerla tirar la toalla, le hizo luchar más por demostrar su valía.

Recuerda una anécdota en la que su madre, hablando con otra mujer, le comentó que su hija escribía historias de género western. A lo que la otra mujer le replicó de forma arrogante que la suya escribía "historias de clase alta". Johnson no entiende porqué no debería escribir western, cuando hay muchas mujeres que lo escriben. Varias de esas mujeres, incluida ella misma, pertenecen a la asociación Western Writers of America. Después de todo, para escribir sobre la Frontera, seas hombre o mujer, necesitas acudir a fuentes históricas, tienes que documentarte, para conocer la vida durante el siglo XIX.


Para ella, la escritura es una forma fácil y segura de vivir aventuras. Es una vía de escape, tanto para el escritor como para el lector, de vivir experiencias y emociones. Es una puerta que se puede mantener abierta entre el siglo XIX y el XX, que puedes atravesar a voluntad, y convertirte en otra persona de forma temporal.

El pueblo en que creció Johnson, Whitefish, en Montana, pudo influir en parte a la hora de escribir sus historias de acción, ya que se trataba de un lugar nuevo y tosco. En su niñez, los únicos niños que vivían cerca de su casa eran todos chicos, y solían jugar a indios y vaqueros. Algunos de ellos recibieron disfraces de vaqueros o indios para Navidad. Los que  no tenían, improvisaban la ropa. Los vaqueros se fabricaban una pistola con un trozo de madera, y usaban de lazo viejas cuerdas de tender. Los indios se ataban una banda en la cabeza con una pluma, y usaban zumo de uvas silvestres como pinturas de guerra (no podían coger prestado a sus madres un pintalabios, ya que ninguna mujer respetable poseía uno). En una ocasión, una tía de Dorothy le envió como regalo un traje indio, pero por error, enviaron uno de chico, con pantalones de flecos. Algunas viejas feligresas de su iglesia opinaron que aquello no estaba bien, y que una niña debía llevar vestidos y jugar tranquila con otras niñas. Cosa complicada, puesto que Dorothy era la única niña.

Todo iba bien, y Dorothy asumía que, aunque con diferencias, todos eran iguales. Pero un día, uno de los chicos le lanzó una mirada hostil y le dijo: "Si juegas, tienes que ser una squaw". Una squaw es una mujer india, pero a veces es considerado un término ofensivo, sobre todo si se aplica a una mujer blanca. Y así despreciada, volvió a su casa entre lágrimas. Aquella experiencia de su infancia dejó una profunda impronta en Dorothy.


Nunca planeó escribir género western. Al graduarse en la Universidad consiguió un trabajo como secretaria en un almacén de fruta en Okanogan, Washington, donde solían confluir tanto vaqueros como indios. Por aquella época, un conocido la invitó a ver un espectáculo de rodeo en un rancho. Tan pronto como tuvo su máquina de escribir a mano, escribió un relato sobre aquello. Relato que, para sorpresa suya, compró el Saturday Evening Post. La experiencia que iba reuniendo de su trato con vaqueros e indios, y ese conocimiento que iba filtrándose poco a poco, sería la base para sus historias. Como aspirante a escritora, se preocupaba por escribir sobre aquello que conocía.

Más tarde, empezó a trabajar como secretaria en una fábrica papelera de Menasha, Wisconsin, pero al cabo de cinco años lo abandonó porque no veía posibilidades de ascender por el hecho de ser mujer. De hecho, su propio jefe le dijo claramente que nunca considerarían a una mujer para un puesto de gerente. Viendo que sus esfuerzos y su valía no era recompensada, se marcha a Nueva York, y comienza a trabajar en una editorial. Sigue escribiendo relatos, aún cuando no consigue venderlos. Tras varios años de haberse alejado del oeste, empieza a sentir añoranza, y comienza a escribir sobre Okanogan, con sus vaqueros y sus indios, y el periódico Post vuelve a interesarse y le compra varios relatos. Cada vez siente más curiosidad sobre la historia de períodos pasados, sobre la vida de los pioneros y los indios, las minas de oro, sobre ganado, etc... y comienza a leer libros y libros. Decide dedicar sus vacaciones a investigar y estudiar en diferentes ranchos, a aprender cómo se ensilla un caballo, cómo se marca el ganado, y a seguir a los nerviosos vaqueros con su cuaderno de notas y su cámara. No saben cómo actuar ante una mujer que sólo se dedica a hacerles preguntas.

La revista Argosy le comprará algunos de los relatos que el Post rechaza, pero aparecerán firmados con el nombre de D.M. Johnson. Los lectores no deben saber que están escritos por una mujer. Johnson discutiría en más de una ocasión con el editor jefe sobre este aspecto, hasta que finalmente éste cede y le dice que en lo sucesivo será Dorothy M. Johnson. Pero Argosy no volvió a comprarle ningún relato más. Os dejo el fragmento de la discusión de Dorothy con el editor, porque me envenenó un poco la sangre:

Argosy wouldn't let me be Dorothy M. No, sir. The author of those stories was D.M. Johnson. One afternoon at a press party I cornered the top editor. He had a cocktail glass in each hand, and I thought he couldn't fight back.. I had a glass in one hand, which made me bold enough to ask. "How come you make a man out of me?" I may even have used strong language, like "dammit". After all, I was a fellow named D. M. Johnson.
The editor answered sweetly. "Argosy doesn't publish material by women writers."
"You don't object to women in your stories." I argued.
"Oh, we don't object to women..., " he agreed with a small leer "... in their place." He wouldn't budge on the issue of letting me be a lady.

Mi traducción cutre-salchichera:
Argosy no me dejaría ser Dorothy M. No, señor. El autor de esas historias era D.M. Johnson. Una tarde en una fiesta de prensa, arrinconé al editor principal. Él tenía un cóctel en cada mano, y pensé que no podría defenderse. Yo tenía un vaso en una mano, y me sentí suficientemente atrevida como para preguntar: "¿Por qué me haces pasar por un hombre?" Incluso podía haber usado un lenguaje más fuerte, como "maldita sea". Después de todo, yo era un tipo llamado D.M. Johnson.
El editor me contestó dulcemente: "Argosy no publica material de mujeres escritoras."
"Vosotros no os oponéis a las mujeres en vuestras historias." argumenté.
"Oh, no nos oponemos a las mujeres...," estuvo de acuerdo con una ligera mirada maliciosa "... que están en su sitio." No cambiaría con el asunto de dejarme ser una mujer.

Tras llevar muchos años viviendo en Nueva York, desilusionada con su trabajo de editora en una revista para mujeres, y con la vida en general en la gran ciudad, en 1950 decidió volver a Montana porque le resultaba más fácil investigar para sus libros. Allí trabajaría como editora en el Whitefish Pilot, y más adelante en el periódico Montana Press Association, y como profesor asistente de periodismo en la Universidad de Missoula.

"Dangerous Dorothy" siguió escribiendo relatos y artículos, y alimentando su apetito de conocimiento haciendo incontables viajes de investigación a los ranchos de Montana. Tuvo que pelear mucho para demostrar su talento, pero su gran obra da fe de ello: Indian country, El árbol del ahorcado, Buffalo woman, numerosos ensayos y biografías...

Para quién sienta curiosidad en este artículo y se maneje bien con el inglés, os dejo un enlace a él. Cualquier dato incorrecto que pueda aparecer en esta entrada es responsabilidad mía a la hora de traducir.



Espero que os haya parecido interesante, porque creo que es una lección. Dorothy no fue la dulce niña que jugaba tranquilita con sus muñecas, como muchos hubiesen deseado, si no una mujer indomable que disfrutó narrando historias, y convirtiéndose en Dangerous Dorothy.

La próxima entrega os hablaré de su ensayo Some went west, donde conoceremos cómo era la vida en la Frontera en el siglo XIX, pero desde un punto de vista femenino. Y pasaos por la web de Adopta una autora, porque hay mucha información interesante.

Hasta la próxima misión.


No hay comentarios:

Publicar un comentario