30 diciembre 2017

Ensayo: Some went west, de Dorothy M. Johnson

Empecé el año con la primera entrada que dediqué a la iniciativa Adopta una autora, escribiendo sobre Dorothy M. Johnson (1905-1984), y lo termino también con ella. No lo he hecho a propósito, pero cuando me he dado cuenta, me ha dado la risa, ¿pero qué mejor forma que terminarlo? Pues vamos al lío.

En anteriores entradas escribí sobre dos de sus obras de ficción, que se pueden encontrar publicadas en español gracias a Valdemar, y también toqué su vertiente como articulista para la revista Montana The Magazine of Western History. En esta quinta y última entrada que dedico a Johnson, traigo uno de sus ensayos, Some went west, en el que remarca la gran importancia de las mujeres pioneras que fueron a las zonas fronterizas del oeste norteamericano durante el siglo XIX, ya que la mayoría de las veces sus vidas quedaron limitadas a meras anécdotas, cuando en realidad, su duro trabajo fue vital para estabilizar las jóvenes comunidades que iban apareciendo.


Some went west (1965)
Autora: Dorothy M. Johnson
Editorial Bison Books
Género: Ensayo histórico
Otros libros: Indian country; El árbol del ahorcado y otros relatos de la Frontera; Buffalo woman...


"This book is about some of the women who went west. They may not have felt heroic, but they weren't cowards. They were not all physically strong, but they weren't weaklings in spirit. And they certainly weren't average, except in this: They loyally went along because they were needed. Women still do this. Sometimes courage is only normal."


"Este libro trata sobre algunas mujeres que fueron al oeste. Puede que no se sintieran heroicas, pero no eran cobardes. Puede que no todas fuesen físicamente fuertes, pero no eran débiles de espíritu. Y desde luego no eran normales, excepto en esto: Fueron porque eran necesarias. Y todavía lo siguen haciendo. A veces el coraje es lo normal."

A lo largo del ensayo, Johnson nos va dando a conocer las experiencias de varias mujeres, y te das cuenta de lo excepcionales que eran porque muchas de ellas tuvieron vivencias realmente duras. Durante el siglo XIX hubo grandes movimientos de personas hacia las zonas fronterizas. Miles de hombres jóvenes, que no tenían responsabilidades familiares, partían en busca de aventuras y riqueza, para luego regresar. Unos pocos prosperaban, pero muchos no dejaban ni rastro ya que morían, heridos o enfermos. La mayoría de estos eran aventureros.

Pero habían otros que partían hacia el oeste como colonos. Su esperanza era encontrar un lugar mejor en el que establecerse, y partían llevando a sus familias, y una pequeña parte de civilización, a lugares completamente salvajes. La mayoría de estas mujeres pioneras partían porque sus maridos las necesitaban, no porque deseasen abandonar todo cuanto tenían. Esta cualidad más conservadora de las mujeres sería de gran importancia una vez se estableciesen en el oeste, ya que gracias a ellas se crearían raíces y darían lugar a comunidades estables.

Pero no todo sería coser y cantar, ya que los colonos se establecieron en territorios dominados por tribus indias, y estos pueblos no estaban dispuestos a dejar que su modo de vida peligrase por el pueblo blanco. Johnson nos relata varios casos de niñas y mujeres blancas que serán capturadas por los indios; unas serán rescatadas pasados unos meses, pero otras serán asimiladas totalmente y convivirán con sus captores durante años. Al leer estas historias reales te das cuenta de que han sido la semilla para algunos de sus relatos de ficción, como La hermana perdida.


Además de los colonos, también partían hacia el oeste muchos misioneros. En la primera mitad del siglo XIX, los ministros protestantes estaban muy concienciados en llevar la palabra del cristianismo hacia el oeste, y para ello muchos partieron como misioneros. Pero no podían partir solos, ya que para sobrevivir debían ser granjeros, y si realizaban labores en la granja no podían predicar. Así que lo normal es que fueran casados, y que la esposa fuese la que se dedicase a sostener la granja, cultivar la tierra y cuidar los animales. Aquí es cuando ves que aquella gente no se unía por amor, si no por pura necesidad. Johnson nos relata la historia de Mary Richardson Walker, que quería ser misionera, pero al ser mujer soltera no podía partir al oeste. ¿Qué hacer? Casarse con un misionero que conoció en un día. El trabajo que hacían estas mujeres, muchas veces solas en las granjas porque los maridos se iban durante semanas para predicar, en constante peligro de ataques indios, es brutal.


Dra. Bethenia Owens-Adair (Fuente:
Historical Collections & Archives,
Oregon Health & Science University)
También nos narra la historia de las Bellas de Mercer. En la primavera de 1864, Asa Mercer ofrecía oportunidades de una vida nueva y prosperidad a jóvenes casaderas de Massachusetts, emigrando a la joven Seattle, ya fuese como maestras o realizando otros trabajos. En una época en la que el país estaba arrasado por la Guerra Civil, empobrecido, con miles de hombres fallecidos, y una abundancia de mujeres jóvenes que buscaban un futuro y marido, muchas fueron las que no dudaron y se embarcaron en la aventura. Si habéis visto la película Caravana de mujeres (1951), pues lo mismo pero viajando en barco. En estos tiempos el amor romántico como hoy lo entendemos no era lo habitual, y lo que imperaba era la necesidad de formar familias que estabilizaran las pequeñas poblaciones que iban surgiendo.


Para terminar, lo haré hablando de la Dra. Bethenia Owens-Adair, a la que Johnson dedica el capítulo titulado Algunas fueron rebeldes. Nacida en 1840 en Missouri, con tres años emigra con su familia en una caravana hacia Oregón. En un entorno completamente inhóspito, son de los primeros colonos que levantan una cabaña en aquel lugar. Aprenden a sobrevivir con lo que les ofrece la naturaleza. Cuando Bethenia tiene 12 años, llega a la comunidad un profesor y acude al colegio durante tres meses. A los 14 años se casa con Legrand Hill, un guapo joven cuyos mayores talentos eran cazar y holgazanear. Dos años más tarde, harta de trabajar como una esclava y tras una paliza de Legrand, tanto a ella como a su bebé, lo abandona y vuelve con sus padres. Una vez se recupera físicamente, se da cuenta que la manera de salir adelante y tener un futuro es tener una educación. Y para ello trabajará como una mula en la granja para poder pagarse unos estudios. Realizará diferentes trabajos, llegará a ser profesora, emprenderá diferentes negocios en otras ciudades, y no parará de estudiar. Hasta que descubre ya cerca de sus treinta años que quiere ser médico. En contra de lo que todos opinan, ya que no estaba bien visto que una mujer llegase a doctor, consigue ir a la Escuela de Medicina. La Dra. Bethenia Owens-Adair es un ejemplo de perseverancia y de auténtica fuerza de voluntad.

Estas, y otras historias, nos dan a conocer cómo era la vida en la Frontera durante el s. XIX, siempre desde el punto de vista de las mujeres. Johnson quería sacar a la luz las experiencias de todas estas pioneras, que fueron tan valientes y decididas como sus compañeros, pero que siempre habían permanecido a la sombra.



El ensayo, disponible solo en inglés, tiene unas 180 páginas por las que discurren las vidas de todas estas pioneras. Está escrito en un lenguaje muy directo, sin florituras, por eso, a pesar de mi penoso nivel de inglés, he sido capaz de enterarme. Sin duda, quién tenga cierta soltura con el idioma, creo que no tendrá problemas para entenderlo. Para quien sienta interés por esta obra, yo lo adquirí a través de la página de Book Depository.

Y con esta entrada doy por finalizado mi recorrido por la obra de Dorothy M. Johnson. Os dejo aquí el enlace de la página donde voy recopilando todas las entradas dedicadas a Johnson, para que tengáis un fácil acceso a ellas.

A través de la web de Adopta una autora podéis ver el trabajo que están haciendo otros adoptantes, y acceder a mucha información sobre montones de autoras. Si a través de mis posts he conseguido animar a alguien para conocer a Johnson, habrá merecido la pena este camino.

Hasta la próxima misión.


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