31 marzo 2018

Divagaciones de una fujoshi


Hace tiempo que quería escribir esta entrada, pero no sabía cómo enfocarla, así que va a ser una cosa sin pies ni cabeza. Y seguramente me granjearé algún odio con ciertas opiniones, pero me da igual, oiga, que para eso es mi blog y escribo lo que quiero.

Desde hace unos poquitos años, las editoriales se han animado bastante a licenciar mangas de género yaoi. Sobre todo, últimamente, estoy viendo llegar historias que no me imaginaba que llegarían a España, y que solo podías comprar en páginas inglesas. Hace bastante ya hice alguna reseña de mangas que tuve que adquirir en inglés, como Castle mango, o Samejima-kun to Sasahara-kun. Otros mangas ni siquiera había forma de conseguirlos en inglés, y tenías que conformarte con leerlos de forma poco legal a través de scans. Pero ahora voy teniendo más esperanzas de que determinadas historias vayan llegando.


Ainnsss... pajarines... que me vais a
reventar los ovarios. Adoro a esta pareja,
jajaja...
Y entre todo lo que ha ido licenciándose, llegó mi adorada Yoneda Kou. La conocí hace ya bastante tiempo, y me leí por scans todo lo que había con su nombre. Adquirí a través de Bookdepository su manga Nights, un recopilatorio de historias cortas de lo más variopintas (y que no entiendo por qué no he hablado de él en el blog; más cosas pendientes). Intenté adquirir también Soredemo, yasashii koi wo suru en inglés, pero no hubo forma ya que estaba siempre agotado. Y después de tanto tiempo mendigando algo de ella en español, la editorial Tomodomo nos trae Pájaro que trina no vuela. Ainnnsssss... ya tengo esperanzas de ver más cosas de Yoneda sensei.


¿Por qué adoro tanto a esta mujer? Primero, el dibujo. Me encanta su estilo, realista. Y también porque dibuja hombres que son hombres, que puede sonar un poco extraño, pero es que hay yaois donde me costaba diferenciar a los personajes masculinos de los femeninos. Y segundo, las historias. Te puede contar una historia totalmente cotidiana, y en su siguiente obra irse al lado más oscuro y arrastrarte al mundo de la yakuza.


¡Ohh, sí... nene!
Y hablando de historias oscuras, hace pocos días he visto que Milky Way va a publicar (de hecho, creo que ya se puede adquirir) All about J (J no subete), de Asumiko Nakamura. Mi primera toma de contacto con esta autora fue precisamente con este manga, y reconozco que quedé traumatizada, porque la historia no es precisamente dulce e inocente. Se trata de un drama psicológico, donde encontraremos cosas realmente duras, como los abusos a un menor, prostitución y violencia. Como digo, cuando lo leí la primera vez hace años, lo dejé a medias por lo duro que era. Pasado un tiempo, lo retomé, y de manera más fría, supe apreciar la forma y sensibilidad con que te cuenta la historia Nakamura. Por experiencia propia, para empezar con esta autora recomiendo más En la misma clase, que es una historia más costumbrista con momentos de humor. A no ser que queráis entrar a fuego en el género yaoi con J.




All about J, de Asumiko Nakamura. Una
maravilla, pero solo recomendable para
sufridores. Si eres sensible, ufff... no lo
recomiendo.
Tanto Yoneda Kou como Nakamura me parecen ejemplos de autoras que son capaces de tocar temas bastante peliagudos, y salir airosas. Plasman personajes destrozados psicológicamente, en un contexto que no les pone las cosas fáciles, y lo hacen con gran sensibilidad a pesar de la crudeza, que aún pasando un mal trago leyéndolas, necesitas saber si va a haber una luz al final del túnel.


Y ahora viene la reflexión que puede ser conflictiva para algunos, pero que necesito soltarla o reviento. Llevo el tiempo suficiente leyendo yaoi para darme cuenta de determinados defectos. Algunos los puedo "tolerar", pero hay otras cosas que no puedo. Hace unas semanas, viendo un vídeo en el canal de Libros de María Antonieta (dejo enlace aquí) hablaba precisamente de esos defectos. Por que a poco yaoi que se haya leído, es fácil encontrar momentos de "te obligo a mantener sexo, pero en el fondo lo estás deseando", y todo esto revestido de romanticismo, y aquí no pasa nada.



En animes como Junjo Romantica, o Sekaiichi Hatsukoi, ambos de Shungiku Nakamura, eso está a la orden del día. Y ojo, que Sekaiichi es de mis favoritos, me encanta todo el contexto de cómo es el trabajo en una editorial de manga, pero eso no quita que las relaciones entre los protagonistas sean a veces de dominio del uno al otro. Pero por el motivo que sea, aún con estos defectos, puedo verlas y pasar un buen rato.


Soredemo, Yasashii Koi wo suru. A tope
de Yoneda Kou. Que alguna editorial me
traiga a esta pareja. Por una buena causa.
Pero en ocasiones, me encuentro con historias que aúnan una serie de elementos que hacen que se me haga imposible su lectura.Y aquí me voy a meter en un tinglao (y sabiendo cómo está internet, me lanzarán cuchillos), porque voy a mencionar un manga que adora muchísima gente: Ten count, de Rihito Takarai. Yo lo empecé a leer desde su inicio por scans, pero lo dejé cuando vi el rumbo que tomaba la cosa. La historia me parecía interesante: un joven, Shirotani, que sufre un trastorno que le hace sentir fobia a los gérmenes, y necesita lavarse constantemente, no pudiendo relacionarse de forma normal con el resto de la gente por que no soporta su contacto. Por casualidad conoce a Kurose, un psicólogo o médico psiquiatra, no recuerdo bien, que se propone curarle. Bien, la historia muy entretenida, hasta que el amigo Kurose se salta la confianza de su paciente para comerle la oreja y lo que no es la oreja, con el trastorno que puede suponer para el enfermo, cuyo problema precisamente es el contacto físico. La idea que se transmite al lector es que esto es un romance, y que es bonito, aunque Shirotani diga entre lágrimas que no quiere. Pues no, es un abuso, y me están adornando de romance la violación de la confianza de una persona, que además tiene una enfermedad jodida. He mirado reseñas en varios blogs, y en ninguna menciona nada acerca de la parte que yo veo problemática. Mi pensamiento es ¿me estaré volviendo loca y veo cosas que no son? Solo en la página de MyAnimeList he encontrado alguna crítica precisamente de esto.

No sé, tengo la sensación de que somos cada vez menos críticos con lo que leemos, y en el género yaoi lo veo mucho más que en otros géneros. Damos por buenas cosas que en el mundo real tacharíamos a la primera. Y no quiero decir que se censuren mangas, que la gente se pone enseguida a la defensiva, si no que llamemos a las cosas por su nombre.

Bueno, me salgo ya del pequeño charco en que me he metido, y que espero ir haciendo entradas de mis mangas yaoi, que mi lado fujoshi necesita salir de paseo, mostrarse al público, y hace siglos que no escribo de boys love, con lo que me gusta a mí hablar de hombres que se achuchan. Sí, sí, y tengo que escribir de Nights, que hay un relato que me hace dar grititos como una colegiala. Maravilloso, sublime.



Espero volver pronto con más fangirleo.

Hasta la próxima misión.

11 marzo 2018

Novela: La perra de Alejandría

Es curiosa la evolución que he tenido con los libros de Pilar Pedraza que, aunque de momento solo han caído tres en mis manos, he pasado del "no me ha gustado nada" a "quiero más" como una yonqui. La primera novela que leí de ella fue El síndrome de Ambras, y no me gustó. No sabría decir exactamente dónde residían mis pegas, pero una de ellas fue sin duda los personajes. Supongo que me he mal acostumbrado a que haya siempre algún personaje más amable, que tenga cierta luz, y en esta novela eran todo oscuridad, y si había alguno un poco más normal, no me generaba interés y me importaba un pito lo que le ocurriese.

Por recomendación de los componentes del podcast Todo tranquilo en Dunwich, me animé a leer Arcano 13, cuentos crueles. Y aquí sí que sí (gracias, chicos). A través de estos relatos le cogí mejor el pulso a su autora, y disfruté muchísimo de las inquietantes y oscuras tramas que va tejiendo, además de quedar prendada de un pequeño gran personaje: Ángela, la niña bruja de Mater Tenebrarum. Y ahora que lo pienso, no dediqué una entrada a este recopilatorio de cuentos, con lo que me gustó. Así que ya tengo tarea pendiente.

Poco a poco quiero ir leyendo más de esta autora, porque me gusta la forma en que te envuelve la atmósfera de sus historias, lo perturbador de algunas de sus escenas, esa belleza dentro de lo macabro.


La perra de Alejandría (2003)
Autora: Pilar Pedraza
Editorial Valdemar (El Club Diógenes)
Género: histórico, sobrenatural, terror
Otras obras: El síndrome de Ambras; Arcano 13, cuentos crueles; Mystic topaz...

Nos encontramos en la ciudad de Alejandría, en los inicios de la era cristiana, para asistir a las celebraciones de las fiestas dionisiacas. En un momento donde el avance del cristianismo va arrinconando cada vez más a los cultos paganos, y la intolerancia es cada vez mayor, estas fiestas ponen al límite la paz social de Alejandría. A través de un noble dacio exiliado en la ciudad, Mihal Gospod, conocido como Bárbaro, conoceremos los conflictos y la decadencia de esta ciudad.


Como comenté en mi cuenta de Goodreads, el libro me ha sorprendido porque no me esperaba que tuviese una parte fantástica. No conocía esta novela, y la vi en la biblioteca a la que suelo ir habitualmente. Como me apetecía leer más cosas de Pilar Pedraza, la cogí. Por la sinopsis deduje que sería una historia más realista, haciendo una recreación del brutal asesinato público de la filósofa Hypatia a través del personaje de Melanta, y del choque entre la cada vez más poderosa fe cristiana y los cultos paganos de procedencias griegas y egipcias. Pensé que el terror que hubiese sería originado por la violencia de la historia, por los crímenes y los disturbios que imaginaba que encontraría. Y en gran parte, así es, pero también hay terror sobrenatural, y me ha encantado ese final que no podía ni sospechar.

Bárbaro, exiliado en Alejandría tras ser el único superviviente de la matanza de su familia, es uno de los seguidores de la secta del Perro o cínicos (corriente filosófica que apuesta por un estilo de vida frugal y sencillo), y sobrevive por las calles de la ciudad gracias a los recursos que le ofrece la naturaleza y la bondad de las gentes. Su forma de vida en constante movimiento le hace ser testigo y/o conocedor de lo que va ocurriendo en la urbe, tanto lo bueno como lo malo. Será presentado a Melanta, importante filósofa y astrónoma que trabaja en el Museo de Alejandría, y pasará a convertirse en uno de sus estudiantes.

Con las celebraciones del culto a Dionisos, el preceptor de la ciudad intenta que estas transcurran sin incidentes, pero lo tendrá complicado por la gran intolerancia que se respira del lado cristiano hacia todo aquello que sea pagano, y fomentada por el obispo Críspulo, que está decidido a que haya una única fe. Tendremos crímenes y venganzas, tanto de un lado como del otro, a cada cual más salvaje, y Pilar Pedraza no se arrugará a la hora de plantarte algunas descripciones que ponen los pelos de punta.


Diógenes (1860), por el pintor Jean-Leon Gérôme.
Representación del filósofo griego, reconocido por ser
seguidor de la escuela cínica, acompañado de perros.
Aquí, al igual que en los anteriores libros que he leído de esta autora, los personajes no son precisamente amables o inocentes. El propio Bárbaro tiene comportamientos o pensamientos más que cuestionables. Sobreviven en una especie de jungla donde muchas veces tienen que sacar las garras. Incluso uno de los personajes infantiles, la niña Mirra, parece un animalillo salvaje y llega a sorprenderte con algunas de sus actuaciones. Te muestra seres humanos a veces muy inquietantes.

La principal idea que me ha quedado tras leer el libro es el odio y el miedo a lo que es diferente. Ese intento constante por hacer desaparecer todo aquello que es anterior, relegarlo al olvido. El destruir templos y monumentos paganos, o abandonarlos sin ningún tipo de mantenimiento para que sea el paso del tiempo el que los borre. Ciudadanos que se convertían a una fe en la que no creían para no ser señalados, y vivir con esa fachada.

"La gran dama se había sumido en la contemplación melancólica de aquella ruina, y pensaba mantenerse fiel a su manera de entender las cosas. No iba a resistirse, pero tampoco a cambiar como lo estaban haciendo muchas familias acomodaticias y oportunistas, que bautizaban a sus hijos en la fe cristiana mientras seguían ofreciendo sacrificios a los dioses en privado. Orestes era uno de ellos y por eso le despreciaba."


También he notado en algunos momentos cierto temor hacia lo femenino y sus cuerpos por parte de los personajes masculinos, cosa que al principio no sabía cómo interpretar. Imagino que temen esa conexión de la mujer con los misterios de la naturaleza, y ese poder que podría llegar a usar para invocar a las fuerzas, según las creencias antiguas, pero esto es deducción mía. Tengo que admitir que me ha costado un poco entender algunas cosas debido a mi desconocimiento en mitología o filosofía, y he tenido que buscar conceptos que no conocía, por ejemplo los cínicos. Tampoco ha sido una cosa traumática, ya que puedes seguir la trama relativamente bien, pero sí que es un libro que te exige un poquito si quieres empaparte bien del todo.

Una novela que me ha gustado mucho por su ambientación, con momentos realmente espeluznantes con los que cualquier amante del terror gozará de lo lindo. Y con un final que a mí me ha encantado, aunque seguro que habrá quien piense que no le pega ese locurón. Pero yo le he dado palmas con las orejas porque me encanta lo siniestro, ¡qué leches!

Espero que la entrada no haya quedado demasiado caótica. Deseo leer más de esta autora, y de momento tengo esperando en el estante su ensayo Brujas, sapos y aquelarres, que ya estuve ojeando hace un tiempo y pinta bien.

Hasta la próxima misión.