07 abril 2018

Novela: El fin de la infancia

Hace como año y medio que leí Cita con Rama, de Arthur C. Clarke (1917-2008), y me gustó mucho. Fue uno de esos libros que una vez lo terminas, pasan los días y sigues teniéndolo presente, tanto por su historia como por sus personajes. Aunque llevo ya un tiempo que estaba un poco desconectada de la ciencia ficción, cuando he querido retomar este género he querido hacerlo con este autor, ya que tenía ganas de conocer más de sus historias. Y poco a poco se va abriendo paso entre mis autores favoritos, porque esta novela me ha llegado mucho al corazón.


El fin de la infancia (Childhood's end - 1953)
Autor: Arthur C. Clarke
Editorial Minotauro (Colección Booket)
Traducción: Luis Doménech
Género: ciencia ficción
Otras obras: Cita con Rama; El centinela; Las arenas de Marte...

Una raza alienígena, los superseñores, llegan a la Tierra de forma pacífica. Se hacen con el dominio del planeta, consiguiendo erradicar las guerras y unificando a toda la humanidad. Todo parece perfecto bajo la tutela y protección de estos superseñores, pero es inevitable que surjan ciertas preguntas. ¿Quiénes son en realidad? ¿Qué intereses les mueven para estar en la Tierra? ¿Por qué no muestran su aspecto real a los humanos?

La historia transcurre a lo largo de unos 150 años, y la conocemos a través de diferentes personajes. Al principio nos encontramos en plena guerra fría, con ambos bloques, occidental y soviético, compitiendo por lanzar al espacio un cohete que les pueda dar la supremacía en el espacio. Es en este punto cuando aparecen las naves de los superseñores, y aquí se paraliza todo. Pasados unos pocos años de la llegada de esta raza, el orden mundial se ha ido modificando hasta dar fin a la amenaza de la guerra: las armas nucleares desaparecen, las fronteras de los países se van difuminando para crear una unidad en todo el planeta, y una atmósfera de paz y prosperidad va embargando a casi todo el mundo.


Los superseñores han hecho posible esta paz, pero también hay grupos que no ven con buenos ojos la intervención de esta raza en los asuntos terrestres, y que sospechan de que puede haber intenciones ocultas. Y uno de los misterios al principio de la novela es el por qué no se muestran físicamente. El supervisor Karellen, el superseñor a cargo del planeta, envía sus mandatos a través de un interlocutor humano, pero siempre sin mostrarse. Y yo no paraba de darle vueltas al tema del aspecto de los alienígenas. ¿Son tan horrendos que nos aterrorizarían? ¿Y si no son entes físicos que podamos ver? ¿Y si... y si...? En un momento dado, hay una frase que me hace saltar una idea muy loca a la cabeza, pero me digo "no, no puede ser que tengan ese aspecto, sería demasiado rizar el rizo". Pero ¡Oh, sí! Vaya que sí, jajaja...

Debido a la desconfianza que generan, deciden que se mostrarán a la humanidad dentro de 50 años, tiempo suficiente para que la gente se acostumbre a su presencia. Y a cambio, la humanidad debe seguir el camino que nos han fijado para llegar a la prosperidad, y olvidarnos de avanzar en la carrera espacial, ya que la puerta de las estrellas nos está vetada.

"El hombre era, por lo tanto, prisionero de su propio planeta; un planeta mucho más hermoso, pero más pequeño que hacía un siglo. Junto con la guerra, el hambre y la enfermedad, los superseñores habían abolido la aventura."

Y así pasan las décadas. La humanidad prospera, vive mejor y más tranquila, pero llega a un punto donde no hay nada que la espolee a crear, a descubrir, a mantener viva esa curiosidad que todos llevamos dentro. Los superseñores son nuestros tutores, y en cierto modo han cercenado una parte esencial del ser humano, por unos motivos que solo conoceremos al final de la novela.

Mientras leía el libro, hubo momentos que me venía a la cabeza los relatos de Cordwainer Smith y sus Señores de la Instrumentalidad. Cómo va evolucionando la sociedad, su forma de pensar, todo ello bajo la supervisión de unas entidades superiores cuyos fines nos son desconocidos. La humanidad llega a una utopía, a un momento histórico de perfección y calma, pero donde percibes que hay un vacío, un "hemos llegado hasta aquí, y no nos dejan avanzar".


Es una novela que te va planteando ideas, desde un primer momento. ¿Deberían habernos dejado a nuestro libre albedrío, aunque eso supusiese el final a base de guerras, o está bien la intervención de esta raza alienígena? ¿Es justificable que nos veten el salto al espacio? ¿Hacia donde nos quieren conducir con su constante protección? ¿Lo que los superseñores entienden por bueno lo es realmente para nosotros? Al fin y al cabo son una raza extraña con una mentalidad completamente diferente a la humana.

"La humanidad había aprendido a confiar en ellos, y a aceptar sin más el altruismo supremo que había traído a Karellen y a sus compañeros a este destierro tan prolongado. Si se trataba, realmente, de altruismo. Pues todavía había algunos que se preguntaban si la política de los superseñores coincidiría siempre con los verdaderos intereses de la humanidad."

"¿No era posible, se decía a veces a sí mismo, que a pesar de su enorme inteligencia los superseñores no entendieran, realmente, a la humanidad y estuviesen cometiendo, con la mejor de las intenciones, un terrible error? ¿Y si en nombre de una altruística pasión por el orden y la justicia hubiesen decidido reformar el mundo sin comprender que estaban destruyendo el alma humana?"

Al contrario que Cita con Rama, que para mí fue una novela con más acción y me dejó una sensación muy positiva, El fin de la infancia es más pausada y reflexiva, y me iba tocando más la parte emocional. Cuando descubrí el auténtico objetivo de los superseñores, no sabía qué pensar. Habrá quien piense que es un buen final, a otros les parecerá una tragedia... para mí fue agridulce. "Vaya, ahora entiendo el significado del título".


Una novela que recomiendo sin dudar, sobre todo a quien le guste la ciencia ficción más centrada en el ser humano, en su evolución, que te haga reflexionar sobre nuestra naturaleza, con un ritmo más pausado. Además, me gusta mucho la forma de narrar de este autor. No llega a resultarme tan poético como Ray Bradbury, pero tiene momentos de una gran belleza. Sin duda, quiero volver a repetir más adelante con este hombre.

Hasta la próxima misión.