03 junio 2018

Tarde librera en la Feria del Libro de Madrid




Al fin he ido a la Feria del Libro que se celebra todos los años en el parque del Retiro. Desde hace unos años, por A o por B, nunca voy, y me apetecía bastante. Y viviendo en la misma provincia, no había excusa posible, ¡no, no, no! Si estáis leyendo este blog, doy por hecho que sois amantes de los libros, así que aún estáis a tiempo de disfrutar visitando la feria y paseando por el Retiro, que es precioso.

Tenéis hasta el 10 de junio, y si sois de fuera de Madrid y coincide que estos días estáis de paso por la capital, es una buena opción de ocio. Os dejo el enlace de la web de la feria para más información.

También es cierto que los lugares demasiado atestados de gente, a una criatura sombría y oscura como yo, me producen cierto agobio. Pero hace dos semanas vi que iba a firmar Pilar Pedraza en la caseta de Valdemar, y con lo fan que me he vuelto de sus libros en el último año, me dije "Yo necesito ver en persona a esta mujer, que me grabe con un hierro ardiendo su marca en un costado, y ser su pupila". Me anoté en la agenda el sábado 2 de junio para ir a la feria, y todo maravilloso. El día antes entro en la web de la feria para confirmar la hora de la firma, pero "Uy, que me he equivocado de día, que firma el sábado 9 de junio". Sí, todo muy desastre, fiel a mi estilo.


La única foto que hice. El cielo no se ve bien,
pero era puro plomo.
De momento, sigo sin ser pupila de Pilar Pedraza, pero me di una vuelta muy agradable en una tarde de lo más oscura, lluviosa, gótica (ya voy creando ambiente), en la que encontré cosas muy interesantes. Me hubiera gustado sacar hermosas fotos de las casetas y los libros expuestos, pero no tenía manos suficientes para sujetar el enredo que llevaba a cuestas, y esquivar gente y paraguas (auténticos sacaojos, madre mía).

Tras dar un pequeño paseo buscando a mi amigo Ángel, el caído, y no encontrarlo (es lo que tiene ir sin plano ni nada, a pelo), decidí volver a la zona de la feria, y eso sí, con mi lista de editoriales y sus números de caseta perfectamente ordenados.






Mi primera adquisición fue amor a primera vista: Cuentos góticos de Emilia Pardo Bazán, de editorial Uve Books. Lo cogí en la caseta de una librería, no de la propia editorial (de hecho, no sé si tienen caseta propia), y lo vi ahí tan cuqui y colorido, que cómo no lo iba a agarrar.

Hace tiempo que quiero leer cosas de esta autora, sobre todo, su vertiente más sobrenatural. Conocía dos de sus relatos, La resucitada y El conjuro, y tenía ganas de encontrar alguna recopilación con cuentos. Este incluye once relatos ilustrados, con tintes góticos, de vampiros, fantasmas, brujería... Trae una tarjeta en su interior, como podéis ver en la imagen que adjunto, y la edición me parece muy bonita.






Seguí mi paseo hasta la caseta de la editorial Satori porque necesitaba mi dosis cual yonqui: necesitaba comprar Rampo. La mirada perversa, de Edogawa Rampo. Ya he leído los otros tres libros que tienen publicados en Satori de este autor, y solo me faltaba este. Me encantan las historias enfermizas y grotescas que narra este hombre. Desde luego no es un autor apto para todos los públicos, sobre todo el último libro que leí, La bestia ciega, que es género eroguro 100 %, y puede escandalizar y asustar un rato. Pero si eres un amante del género criminal, de lo retorcido y macabro, te gusta revolcarte en las miserias humanas, y conocer hasta donde puede llegar un personaje por lograr determinados objetivos por muy locos que sean, estos libros puede que te den lo que buscas. Además, junto con el libro venía un marcapáginas igual a su portada, y otros cinco preciosos que me regalaron, junto con un catálogo de libros de la editorial. Maravilloso.



Sigo mi paseo, más complicado porque la lluvia ha apretado y hay que esquivar paraguas, y llego a la triple caseta de las editoriales Impedimenta, Nórdica, Sexto Piso, y creo que me dejo alguna. Ahí me encuentro con un título del que había oído hablar en el podcast Todo tranquilo en Dunwich, y que me había llamado la atención. Mil millones de años hasta el fin del mundo, de los hermanos Arkadi y Boris Strugatski, de editorial Sexto Piso. Se trata de una novela muy cortita, no llega a 200 páginas, que narra las interrupciones que sufre un científico cuando está a punto de dar con una fórmula revolucionaria: misteriosas llamadas telefónicas, personas que se presentan en su casa, y todo tipo de distracciones. Como si el universo se hubiese confabulado para que no consiga su objetivo. Al parecer tiene tono de comedia negra, con crítica social, y momentos de cierta paranoia. En la contraportada indica que tiene reminiscencias de Philip K. Dick, y me gustan bastante los locurones de este autor, así que a ver que tal.



Por último, el cuarto libro que me llevé fue un poco por azar. Estaba ya a punto de volverme para casa porque estaba helada de frío (yo, que soy muy chula, llevaba la chaqueta colgando del bolso, y andaba en manga corta). Ni siquiera tenía la caseta apuntada en mi lista, la vi de chiripa. Me di la vuelta, y me encontré de frente con la caseta de las editoriales Sajalín y Gallo Nero, y esta última la conocía por sus cómics.

Me acerqué, y cuando vi que Gallo Nero también tenía novelas, eché un vistazo. Tenían Metrópolis, de Thea von Harbour, y me hizo tilín, pero ya lo había leído hace años, creo que de la biblioteca. Cerca de él vi un libro con una portada que me llamó mucho la atención, y cuyo título y autora no conocía: Kallocaína, de Karin Boye. Al leer su sinopsis, me enamoré enseguida. Se trata de una distopía escrita en 1940, y nos relata cómo un científico inventa un suero de la verdad, la kallocaína, y cómo un Estado totalitario hace uso de él, conduciendo a un futuro totalmente gris y pesimista. Me gusta mucho este tipo de historias, ya sean distopías o ucronías, y encontrarme con una que no conocía me da hasta emoción. Espero que me guste.


Hasta aquí llegó mi jornada librera. Ya de vuelta a casa, nada mejor que recuperar fuerzas y entrar en calor con un buen tazón de café calentito (y si la taza tiene unicornios de colores, mucho mejor), y ver cómo caen los granizos desde la ventana.

Sin duda, ha sido una gran tarde. Me apena no haber podido encontrarme y conocer en persona a mi amigo Ángel. Tendremos que seguir, de momento, manteniendo contacto de forma epistolar. Por que yo, para eso, soy muy tradicional. Cartas de toda la vida, como tiene que ser.





Querido Ángel: 
Me hacía mucha ilusión conocerte en persona, pero todos los elementos se pusieron en contra. Me vi arrastrada por la tormenta, empapada y agotada, y no quería que me conocieras así, en horas tan bajas. 
Me alegra mucho saber, por tu última carta, que te has recuperado muy bien de tu caída, y que te encuentras estupendamente. He leído algunos de los libros que me has recomendado y me han gustado mucho. Aún tengo pendiente el último que me recomendaste, ese recopilatorio de cuentos de satanismo y brujería, el de Bienvenidos al Sabbath; pero lo tengo en la mesita, y espero ir leyéndome un cuento todas las noches antes de dormir. El tratado de vampiros que me mencionaste, fascinante. Me siento tan afortunada de conocer a alguien tan ilustrado como tú. Me estás abriendo la mente a otras realidades, a temas e historias que no imaginaba que pudieran ser tan interesantes. 
Ya te contaré si consigo ser marcada por la maestra Pilar Pedraza. Quiero adentrarme en los misterios y conocer, y me la has recomendado tanto que no puedo por menos que agradecértelo. 
Sin más que añadir, me despido. 
Siempre tuya, la Pequeña Recluta. 
PD: Tengo la foto que me enviaste en la mesita de noche, para que vele mis sueños.


Hasta la próxima misión.


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