29 julio 2018

Novela: Kallocaína

Por fin traigo una de las mejores lecturas que he hecho en lo que va de año, aunque también me produce cierto respeto, ya que sé que no voy a ser capaz de transmitir todo lo que me ha movido por dentro, y la desolación que me ha dejado. Pero seamos sinceros, cuando lees una distopía es inevitable terminar con una bajona de la leche. Eso, y que tiendas a analizar todo cuanto te rodea.

Karin Boye (1900-1941) era una poetisa y novelista sueca. Comprometida con los movimientos sociales y el pacifismo, le tocó vivir en una época muy oscura de la historia, y viajó por la Unión Soviética de Stalin, y por la Alemania nazi. Esas vivencias quedarían plasmadas en esta novela, donde las libertades de los individuos son pisoteadas y lo único que quedará es el temor al Otro.


Kallocaína (1940)
Autora: Karin Boye
Editorial Gallo Nero
Traducción: Carmen Montes Cano
Género: Futuro distópico

Leo Kall es un químico que está trabajando en la creación de un suero de la verdad que pueda ser empleado por el Estado para garantizar su seguridad y estabilidad. Tras largos trabajos consigue sintetizar la kallocaína, y para comprobar sus efectos comienza a probarla sobre personas cobaya voluntarias, con unos resultados más que sorprendentes. Aquellos sujetos a los que se aplica el suero desvelan completamente todos sus secretos, pensamientos y sentimientos. El alma humana queda totalmente expuesta, desapareciendo cualquier resquicio de individualidad e intimidad. Es a partir de aquí que Leo Kall empieza a ser consciente de las terribles consecuencias a las que puede llevar su hallazgo.


Mientras lees la novela es inevitable pensar en 1984, de George Orwell, por una serie de elementos que iré desgranando ahora. Lo curioso es que Kallocaína se escribió ocho años antes, y aunque el concepto de Gran Hermano se le debe a Orwell, Karin Boye ya introduce la idea de un estado totalitario y controlador de los individuos, incluso en la propia intimidad del hogar.


La historia está narrada a través de Leo Kall, en primera persona. Al principio resulta chocante porque nos encontramos con un personaje totalmente adoctrinado por el Estado, cuyas ideas y reflexiones son de una deshumanización tan brutal que cuesta creer que alguien pueda pensar así. Y ya no sólo pensar así, sino los argumentos que da para que las cosas sean de esa manera.

Nos encontramos en el Estado del Mundo, un estado totalitario y militar cuyos ciudadanos (conmílites en la novela) viven en una continua vigilancia unos de otros debido al temor a que haya espías de la nación enemiga. Y aquí tenemos uno de los elementos habituales de este tipo de novelas: la utilización del miedo en un contexto de guerra fría para controlar a la población. Todos tienen sus respectivos trabajos, pero también deben realizar a diario labores de vigilancia y de servicio militar. No hay libertad de movimiento, y viven completamente ajenos a lo que sucede más allá de su ciudad. La población es observada por "ojos y oídos policiales" instalados en todos los edificios, incluido el interior de los hogares. En los hogares hay asistentas que cuidan de los niños y hacen informes sobre las familias. Las personas son utilizadas, son herramientas, engranajes de una enorme maquinaria que es el Estado, donde lo bueno es el colectivo y lo malo es lo individual. Sí, un colectivo en el que nadie se fía de nadie, ni de la propia familia. Para fomentar esa imagen de colectivo todos visten prácticamente iguales, todos clónicos con vidas grises, sin derecho a poder actuar, pensar u opinar de forma diferente de lo que dicta el Estado por el riesgo a ser señalado como un enemigo. Se toman palabras y conceptos, y retuercen su significado para manipular a la población. En resumen, una cárcel del cuerpo y la mente.

"-Pero precisamente este caso es paradigmático de las consecuencias de que los individuos tengan vínculos personales demasiado estrechos - prorrumpí suplicante-. Cuando eso sucede se rompe el vínculo más importante de todos, ¡el que nos une al Estado!"

"La raíz sagrada y necesaria de la existencia del Estado es nuestra bien fundamentada desconfianza mutua. Aquel que pone en tela de juicio este principio básico pone en tela de juicio la existencia del Estado."


El nivel de opresión que llega a alcanzar la historia es terrible, ya que las propias personas se ven obligadas a controlar sus gestos tras una máscara para que su entorno no interprete cuáles son sus auténticos pensamientos y sentimientos. Los demás no deben enterarse de que sufres por algo o dudas, ya que eso significa que estás pensando, lo cual es peligroso para el colectivo, y puedes ser delatado. El propio protagonista se pregunta en más de una ocasión qué esconde su esposa dentro, ya que no sabe si verla con confianza o como un enemigo.


Leo Kall resulta desde el principio un personaje bastante aborrecible, con una gran ambición por ascender, y una nula sensibilidad hacia las personas que le rodean. Tacha de asociales a aquellas personas que son más individuales, y que no repiten como un mantra la doctrina del sistema. Aquellas personas que se reúnen para hablar de forma distendida y amigable también son asociales, porque estrechan lazos entre ellas, y la base del Estado es la desconfianza mutua entre las personas.

Será a raíz de los resultados de su suero, al indagar en la mente de las víctimas de su droga, cuando se enfrente a algo que no espera, y se plante la semilla de la duda en su interior. La evolución del protagonista me parece una maravilla; ver cómo se autoengaña hasta que le resulta imposible mantener en pie aquello que creía verdades supremas. Es tan demoledor que se enferma, pero en cierto modo será como una liberación. Al fin y al cabo, la verdad nos hace libres.

"¿Quién está dispuesto a ver su miseria, mientras no se vea forzado a ello? Forzado no por las personas. Forzado por el vacío y el frío, el frío extremadamente severo que nos amenaza a todos. Colectividad, dicen ustedes. ¿Colectividad? ¿Íntimamente unidos? Pero cada uno lo grita desde su lado de un abismo."

Es una maravilla de novela. Demoledora, pero necesaria para hacernos más críticos con todo lo que nos rodea. He dejado unos cuantos fragmentos que me parecían muy buenos, pero el libro está lleno de párrafos increíbles que te remueven por dentro. La recomiendo muchísimo. Debería ser una novela más conocida de lo que es, y estar a la altura de distopías más famosas como la ya mencionada 1984, Farenheit 451 u otras, porque lo merece.



Espero que no os haya resultado demasiado caótica la entrada, jajaja... Os dejo con un último fragmento que se podría aplicar a la actualidad perfectamente.

"-Significa que ha aumentado el temor- afirmó Rissen con energía inesperada.
 -¿El temor?
 -Sí, el temor. Hemos ido aplicando una vigilancia cada vez más estricta, pero eso no nos ha garantizado mayor seguridad, tal y como esperábamos, sino una angustia mayor. Con el temor crece también el impulso de repartir puñetazos a nuestro alrededor. ¿No es eso lo que ocurre? Cuando un animal salvaje se siente amenazado y no ve salida por donde huir, ataca. Cuando el temor se apodera silenciosamente de nosotros, lo único que podemos hacer es atacar primero. Es difícil, puesto que ignoramos adónde dirigir el golpe... Pero quien pega primero, pega dos veces, dice un viejo refrán, ¿verdad?"

Hasta la próxima misión.


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