02 julio 2018

Novela: La fase del rubí


Repito con Pilar Pedraza, y en esta ocasión me dejo llevar a una época de supersticiones, brujería  y tribunales inquisitoriales. Ya tengo claro que cuando me apetezca leer algo inquietante con tramas oscuras, con esta autora lo voy a tener asegurado.


La fase del rubí (1987)
Autora: Pilar Pedraza
Editorial Valdemar (El Club Diógenes)
Género: sobrenatural, terror
Otras obras: El síndrome de Ambras; Arcano 13, cuentos crueles; La perra de Alejandría...

Nos encontramos en una ciudad castellana que no se llega a identificar, en pleno Siglo de las Luces (siglo XVIII), y se nos relata dos historias en paralelo. Por un lado, tenemos la narración en primera persona de Imperatrice, hija de un noble español y una patricia veneciana, donde nos cuenta cómo languidece rodeada de comodidades en su palacio de La Perla, y cómo en ocasiones, espoleada por sus pasiones, abandona la seguridad de sus muros en búsqueda de experiencias y placeres.
Por otro lado, seguimos a Torcuato, hermanastro de Imperatrice y secretario del Santo Oficio, en una narración en tercera persona en la que investiga una denuncia por brujería, y el caso de una joven monja que al parecer está siendo poseída por el demonio.


De momento, de Pilar Pedraza solo he leído dos novelas (con esta, tres), y un recopilatorio de relatos cortos. Pero en todas sus historias me ha pasado lo mismo: nunca sé hacia donde me lleva, me resulta imprevisible. Así que simplemente me dejo llevar y que me cuente aquello que desee.

Lo primero que me ha llamado la atención es el contraste entre ambos hermanos. Imperatrice ante la sociedad se presenta  como una noble caprichosa y un punto extravagante, de naturaleza melancólica. Gusta de tomarle el pelo a Torcuato y escandalizarlo con sus ocurrencias, por lo que sus conversaciones suelen ser bastante jugosas. Pero bajo esta fachada de languidez y melancolía hierve un espíritu salvaje, transgresor, morboso... y cruel. Criatura sensual que disfruta de rodearse de jóvenes y hermosas doncellas, siente atracción por lo extraño, lo fantástico y lo peligroso, sintiendo placeres en situaciones que ponen en riesgo su propia vida. La figura femenina, una vez más, aparece muy vinculada con lo animal, lo peligroso y atrayente a la vez.


El Aquelarre, de Francisco de Goya
Torcuato, sin embargo, aún siendo sacerdote, tiene una mentalidad donde prima la lógica y la razón, y junto a su amigo, el padre Losada, también cargo del Santo Oficio, intenta dar una solución razonable a los dos casos que se les presentan. Siente adoración por su hermanastra (de hecho, hay un momento que diría yo que era un poco incestuoso, ejem...), y desconoce completamente la verdadera naturaleza de ella y su doble vida.

Más preocupado por cerrar cuanto antes los dos procesos abiertos para poder dedicarse a sus traducciones del filósofo Tácito, ve con desesperación cómo todo se va enredando de una forma que no imaginaba. Como contrapunto a Torcuato se nos presenta la máxima autoridad religiosa de la ciudad, el obispo Barrientos, mucho menos permisivo con lo pagano, no así con sus propios lujos, preocupado de que la ciudad esté siendo víctima de fuerzas demoníacas o de ánimas descontentas, y deseoso de encauzar al rebaño hacia el sendero de la iglesia, aunque sea usando para sus fines los dos procesos en curso.

"-¿Y qué cree su ilustrísima que son, en definitiva?
-Ánimas, buen amigo, ánimas. Almas en pena que solicitan nuestras oraciones y limosnas para ver refrigerada su ardiente pasión en el Purgatorio.
-¡Ánimas del Purgatorio!- exclamó Torcuato con voz neutra y solemne, pensando para sus adentros que el interés del obispo por las ánimas comenzaba a rayar en la manía."

La ambientación es maravillosa, te sientes transportado a aquella época a través de la descripción de sus calles, de sus gentes, de su lenguaje y sus expresiones que suenan a veces un poco arcaicas. Y algo que veo que es marca de esta autora es esa atmósfera inquietante que envuelve a algunos de sus personajes, y una crueldad muy explícita a la hora de describir según qué escenas. Pero es curioso porque hay cierta belleza dentro de lo macabro, es como si la propia fascinación que siente Imperatrice por lo oscuro y mórbido te llegara a ti con deleite, un siniestro deleite. También hay cierto humor sutil que hace muy amena su lectura, y que le quita un poco de hierro a la dureza de algunos momentos.

"En el rostro de ella floreció una sonrisa oscura que recordó a Torcuato que la mujer es amarga como la muerte."

La recomiendo sobre todo a los amantes del terror con toques macabros, que disfruten de una buena ambientación de época, pero con un ritmo pausado. Los capítulos de Imperatrice son los que tienen un corte mucho más fantástico, además de siniestros, y son un auténtico disfrute. Realmente, los personajes femeninos que crea Pilar Pedraza son de lo más siniestro que he leído. Espero que no haya sido muy caótica la entrada, y os animéis con esta autora, porque tiene un estilo muy propio que me está resultando fascinante.

Hasta la próxima misión.


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